Polimedicación: qué es y cómo prevenirla

En primer lugar vamos a definir el concepto. Se denomina polimedicación al consumo simultáneo de muchos medicamentos. De forma más académica, la polimedicación o polifarmacia se define en términos cuantitativos y, aunque no existe un acuerdo en el número de medicamentos que se tendrían que tomar para considerarse polimedicación, sí que existe un consenso general por el que se estima que un paciente está polimedicado cuando toma al menos 5 fármacos de forma simultánea.

Existen dos tipos de polimedicación que debemos distinguir:

  • La polimedicación adecuada es aquella en la que los todos los fármacos que consume el usuario tiene una clara justificación e indicación clínica. Es decir, se toman 5 o más medicamentos sin que se pueda suprimir ninguno de ellos.
  • La polimedicación inadecuada se produce cuando se toman más medicamentos de los clínicamente necesarios. En este caso el objetivo sería reducir al máximo el número de fármacos, suprimiendo aquellos que no estén plenamente indicados.

Se estima que entre el 20 y el 50% de la población mayor de 65 años toma más de 5 fármacos de forma crónica. La variabilidad en las series depende de varios factores.

  1. Factores físicos. El aumento de la esperanza de vida y el envejecimiento de la población hacen que la pluripatologÍa (padecimiento de varias enfermedades de manera concurrente) sea frecuente en nuestro entorno. La cronicidad de las enfermedades (enfermedades que no se pueden curar, pero sí controlar y/o estabilizar), la discapacidad y la dependencia son los factores físicos que favorecen la polimedicación.
  2. Factores psicológicos. Las alteraciones del estado de ánimo, tales como la depresión y/o la ansiedad, son determinantes en este proceso.
  3. Factores sociales. La disponibilidad de recursos socioeconómicos, el nivel educativo, la soledad y/o el aislamiento social son elementos que predisponen a la polimedicación.
  4. Factores dependientes del sistema sanitario. Las deficiencias en la comunicación entre los distintos profesionales y niveles sanitarios, la aplicación indiscriminada de protocolos, el sobredimensionamiento de la eficacia de los medicamentos y la infravaloración de sus riesgos, inconvenientes y costes, son elementos primordiales en este proceso.

Consecuencias de la polimedicación

La polimedicación es un importante factor de riesgo para numerosos problemas de salud. Así, a mayor número de fármacos y complejidad del tratamiento, mayor dificultad para un cumplimiento correcto, lo que lleva a una insuficiente mejoría clínica y una nueva visita a nuestro médico o especialista de referencia. Esto suele conducir a una nueva prescripción que añade algún nuevo medicamento al tratamiento, lo que aumenta el número de fármacos que ya tomaba el usuario y agrava la situación.

Conforme aumenta el número de fármacos que tomamos, también lo hace de forma exponencial la posibilidad de que esos fármacos produzcan efectos adversos e interacciones medicamentosas entre ellos o entre fármacos y enfermedades.

Es frecuente atribuir los síntomas de las interacciones farmacológicas a nuevas patologías, que también conllevan nuevas prescripciones, creando un círculo vicioso que puede acarrear serios problemas de salud.

Efectos de la polimedicación

La polimedicación se asocia a un mayor riesgo de lesiones por caídas, aumento de la morbilidad crónica, deterioro de la funcionalidad física, empeoramiento de la calidad de vida y una autopercepción deteriorada del nivel de salud.

También incrementa el consumo de recursos económicos y sociosanitarios, ya que aumenta los ingresos hospitalarios, amplía el tiempo de estancia media en cada ingreso, produce reingresos con mayor frecuencia y, finalmente, desemboca en una mayor mortalidad hospitalaria.

Todo esto hace que la polimedicación se transforme en un problema de primera línea en materia de salud pública y seguridad del paciente.

Prevención

Evitar la polimedicación es un objetivo ambicioso y complejo, ya que son muchos los elementos que intervienen en el proceso (pacientes, medico, farmacéuticos, entorno social, nivel económico y cultural…). Pero hay varias cosas que podemos hacer para intentar prevenirla.

A nivel de usuario debemos insistir en la educación sanitaria y concienciar sobre que los medicamentos son sustancias con efectos curativos, pero también adversos, y que producen interacciones entre ellos. Con la prescripción debemos advertir sobre los posibles efectos adversos y secundarismos que pueden aparecer, para poder identificarlos y no confundirlos con nuevas patologías. Hay que recordar que no todos los medicamentos se han de tomar de forma crónica, sino que muchos de ellos solo se prescriben para controlar una patología aguda y su utilización está limitada.

Al retirar el medicamento de la farmacia, deberíamos asegurarnos de que el paciente conoce los medicamentos que se le han prescrito, y que está seguro de cómo y cuándo debe tomarlos.

A nivel sanitario se deberían establecer vías de comunicación y coordinación entre los distintos interniveles asistenciales. En las visitas a los distintos facultativos deberían recordarse al paciente que es su médico de familia el que debe optimizar el consumo de los medicamentos que toma el usuario. También son necesarias revisiones periódicas y sistemáticas de los tratamientos crónicos para optimizar el tratamiento, minimizar así el número de problemas asociados a la polimedicación y, finalmente, aportar más calidad de vida al usuario.

Como conclusión debemos recordar que un mayor número de medicamentos no se traduce necesariamente en un mejor tratamiento.

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