Enfermedad de Parkinson: qué es y cómo prevenirla

La Enfermedad de Parkinson (EP) forma parte de los “Trastornos del movimiento”.

Estas patologías forman un capítulo de extraordinario interés, tanto por su elevada incidencia, como porque pueden llegar a ser incapacitantes, restringiendo la movilidad y limitando la calidad de vida del paciente que las padece. La enfermedad del Parkinson es el segundo trastorno neurodegenerativo más prevalente en la actualidad.

La prevalencia de la EP aumenta con la edad de forma exponencial a partir de los 65 años, con una prevalencia del 0,3% de la población general, un 3% en los mayores de 65 años, alcanzando un 10% en los mayores de 80 años, sin que se aprecie diferencia entre ambos sexos, en lo relacionado a la prevalencia de la EP.

 

ORIGEN Y CAUSAS

Las causas de la EP continúan siendo desconocidas, y numerosas investigaciones apuntan a causas multifactoriales.

Existirían una serie de factores ambientales que actúan como desencadenantes sobre unos factores genéticos heredados, o adquiridos por mutaciones debidas a efectos de tóxicos.

 

HISTOLOGÍA

A nivel celular la EP se caracteriza por la muerte neuronal progresiva de neuronas dopaminérgicas (productoras de dopamina). La mayor concentración de estas neuronas productoras de dopamina se encuentra en una zona cerebral denominada  “Sustancia Negra” (recibe ese nombre por su coloración oscura).

La muerte de estas neuronas condiciona un descenso del dopamina, responsable de los cambios que acontecen en esta enfermedad.

Los síntomatologia clínica de la EP aparece cuando la dopamina del núcleo estriado (donde se encuentra la sustancia negra)  ha descendido un 80%.

 

CAUSAS

Además de las causas descritas previamente (factores genéticos, ambientales y tóxicos), la EP puede deberse a:

-Fármacos:

Los Parkinsonismos inducidos por fármacos son especialmente frecuentes en el anciano.

Los fármacos que con más frecuencia producen esta clínica son los antieméticos (metoclopramida), algunos fármacos antihipertensivos,  y antidepresivos.

-Parkinsonismos vasculares:

En pacientes con historia de hipertensión, diabetes y alteraciones vasculares. Ademas en ellos la respuesta la tratamiento con L-Dopa es pobre.

Degeneración Multisitémica:

La Parálisis Supra nuclear Progresiva y el Síndrome de Shy-Drager son las afecciones más frecuentes en este epígrafe.

 

SINTOMATOLOGÍA CLÍNICA

La EP se caracteriza por la presencia de temblor, bradicinesia, rigidez y anormalidades estáticas y posturales.  A continuación describimos cada una de ellas.

Temblor:

Suele empezar por las manos, y es rítmico, con movimientos de poca amplitud y desaparece durante los movimientos voluntarios y el reposo.  También puede extenderse a otras partes del cuerpo (brazos, piernas, labios, cabeza…).

Bradicinesia:

Se caracteriza por la “lentitud” en el inicio de los movimientos voluntarios, disminución progresiva de la amplitud y velocidad de los movimientos repetitivos. Es una de las manifestaciones clínicas más incapacitantes de esta enfermedad.

Inicialmente se encuentran como falta de mímica en los músculos faciales (cara de cera), falta de entonación en el lenguaje, dificultad con la escritura y las actividades de la vida diaria.

La marcha se torna a pequeños pasos y se acompaña de ausencia del brazeo normal.

Rigidez muscular:

Aparece rigidez muscular, muy evidente en los miembros superiores, y sobre todo en la realización de movimientos pasivos. A este signo clínico se le conoce como “rigidez en rueda dentada”, ya que durante los movimientos pasivos de flexión de codo recuerda a  los engranajes de una rueda dentada.

Anormalidades estáticas y posturales:

Los cambios característicos de el EP con respecto a la postura, incluyen:

Flexión de la cabeza sobre el tronco.

– Alteración en el control de los reflejos posturales, lo que induce a alteraciones del equilibrio con tendencia a la caída hacia adelante o hacia atrás.

Otros síntomas:

La variedad de síntomas que concurren en la EP es extensa, y entre los más frecuentes se encuentran las alteraciones del ánimo (ansiedad y depresión), la disfagia o dificultad para tragar y los trastornos cognitivos.

 

TRATAMIENTO

El tratamiento de la EP consiste en la administración de la L-Dopa (sustancia que el organismo genera en cantidad insuficiente en pacientes con EP).

Además, existen otras sustancias que también pueden generar beneficio en el control sintomático de la EP.

El tratamiento farmacológico se complementa con un correcto tratamiento rehabilitador y de terapia ocupacional, que retrasa o palia la aparición de las alteraciones funcionales y la dependencia en estos usuarios.

Otra alternativa para el control del temblor y las disquinesias el la neurocirugía, reservada a casos rebeldes o incontrolables por otros medios.

 

Terminaremos insistiendo en la terapia precoz de esta enfermedad, a nivel multidisciplinar.

Una rápida detección de los signos o síntomas de alarma, un inicio precoz del tratamiento médico y una correcta fisioterapia y terapia ocupacional, podrán frenar o retrasar la evolución de la enfermedad y la aparición de la dependencia en estos usuarios.

 

 

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