El ingreso en una residencia de mayores

De todos los procesos que se realizan para la atención de una persona mayor en un centro residencial, el de ingreso o fase inicial de ingreso es de los más importantes y delicados, de ahí la necesidad de que se desarrolle adecuadamente.

A través de la entrevista inicial y una serie de informes (médico, psicológico, social…) los profesionales vamos “estudiando y conociendo” a ese nuevo usuario y su entorno, obteniendo así la máxima información, de cara a establecer posteriores diagnósticos, evaluaciones e intervenciones, siempre de modo interdisciplinar (múltiples disciplinas interrelacionadas entre sí que se coordinan y actúan a la vez con el objetivo de sumar fuerzas y sinergias).

La información recibida no siempre es fidedigna y nuestra labor en esta fase es contrastar y comprobar todos los datos recibidos para ver si se ajustan a la realidad, a la vez que se va orientando la actuación con la persona y su familia.

Aquí encontramos las primeras barreras y tabúes; la visión de los implicados no siempre es objetiva, existe un rechazo generalizado hacia las residencias de mayores (todavía tenemos un potente legado sobre los antiguos asilos y las prácticas que en éstos se realizaban), además del fuerte arraigo socio-cultural que “obliga” a las familias españolas, y muy especialmente a sus mujeres, a hacerse cargo de los hijos, personas dependientes y mayores.

Todos estos mitos, prejuicios y estereotipos se pueden abordar y romper fácilmente. Para ello, en los centros residenciales tratamos de ser lo más transparentes, en la medida de lo posible, a la vez que aportamos datos contrastados y fiables en torno a todo lo relativo a la atención del adulto mayor y la gerontología (ciencia que estudia a los gerontes, los venerables, que ya en la Antigua Grecia eran consultados para la toma de decisiones por parte del Gobierno, imagen bastante distinta de la que tenemos hoy día sobre nuestros mayores).

Prosigamos a nivel práctico con el ingreso en una residencia: como regla mnemotécnica y simplificando mucho, explicamos a los familiares lo que nosotros llamamos la regla del 2:

  • Los dos primeros días, llega el usuario al centro, es la toma de contacto inicial entre ambos (institución, usuario y familiares). Nuestra prioridad es conseguir que la persona esté lo más confortable posible, que se sienta apoyado y realizar la observación/contraste sobre esos primeros datos recibidos, a la vez que iniciamos la intervención, todavía a nivel básico y superficial.

En esta primera fase los profesionales del equipo técnico deben realizar seguimiento durante los distintos turnos (mañana, tarde y noche) para ver cómo evoluciona la adaptación. Podemos decir que es una de las fases más difíciles y en la que pueden aparecer más incidencias, a la vez que sienta los cimientos de la posterior intervención/atención.

  • Dos primeras semanas: todos los profesionales del centro valoran a ese nuevo usuario y comienzan a establecer su Programa Individualizado de Atención (PIA). Tanto usuarios como familiares van conociendo las normas básicas de funcionamiento del centro y de un modo u otro, la persona, su familia y la residencia se van adaptando y acoplando unos a otros.

El acompañamiento, apoyo y orientación son claves en esta fase inicial, tanto con el usuario como con la familia. Es muy frecuente que existan sentimientos ambivalentes o de culpa por parte de los familiares: “Sé que esto es lo mejor, pero es muy duro”, “ella nunca quiso ingresar en un asilo”

Estos sentimientos de preocupación son muy normales en un familiar que delega los cuidados de su ser querido en terceras personas por el motivo que sea. Los profesionales de atención sociosanitaria tenemos formación específica sobre estas materias, además de experiencia, por este motivo, podemos decir que el 99% de los ingresos se desarrollan de forma exitosa cuando se siguen las indicaciones profesionales.

En este momento, muchos familiares de pacientes con algún tipo de demencia se suelen preguntar cómo vamos a explicar a este nuevo usuario (con alteraciones comunicativas o a nivel de comprensión) cómo funciona la vida en nuestro centro, cuáles son las normas de funcionamiento o convivencia… y la realidad es que no vamos a hacerlo, al menos con palabras. Nuestro mayor recurso en estos casos es el ambiente controlado (supervisión, eliminación de barreras y de factores de riesgo), el establecimiento de rutinas (la persona sabe, aunque no sea de manera consciente o pueda manifestarlo oralmente, los horarios y rutinas del centro), y el modelado social o poder de la masa (si todos se levantan del sillón y se dirigen al comedor, yo también debo hacerlo).

Incluso en pacientes con un nivel de sintomatología demencial relativamente avanzado, observamos y potenciamos estas capacidades adaptativas que la persona aún conserva.

  • Dos primeros meses: la fase de adaptación debería darse por concluida. Residente, familiares y profesionales tienen suficientes conocimientos entre sí como para realizar una intervención profunda y en firme, habiendo constatado y confirmado las informaciones iniciales, así como el método de atención idóneo para cada usuario. En esta fase el objetivo fundamental sería minimizar la aparición de nuevos factores de riesgo o incidencias que interfiriesen en el normal desarrollo de la estancia residencial.

Con esto damos por concluida la primera aproximación al ingreso en un centro residencial, emplazándoles a profundizar en el tema en posteriores artículos.

 

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